La gastronomía guarromanense se basa en la utilización de productos naturales y de la tierra, como espárragos trigueros, pimentos, huevos, conejo o liebre.

Entre los platos más típicos de nuestra cocina destacan:

  • Pipirrana de pintahuevos: Las huertas de la ribera del río Guadiél, y los nuevos cultivos bajo abrigo, proporcionan a los guarromanenses los pimientos rojos y carnosos que una vez asados constituirán junto al aceite de oliva y unas aceitunas negras, la base de la «pipirrana de pintahuevos», donde terminarán troceados los tradicionales huevos pintados de la Pascua de Resurrección.
  • Harapos: Los «harapos», llamados aquí así por el aspecto de tela rota que tiene su masa, están hechos con liebre y perfumados con hierbabuena, y su masa se elaborado a partir de una «torta de pastor» de las que se utilizan para guisar el gazpacho manchego. Estos «harapos», fieles a la tradición, se acostumbran a tomar en la misma sartén donde se hacen por el viejo rito de la «cuchará y paso atrás» que marca la cortesía campera.
  • Cocina silvestre: La proximidad de Sierra Morena suministra a las cocinas guarromanenses los llamados «espárragos de piedra», de inconfundible y hasta exquisito sabor amargo, y que se suelen tomar en tortilla o acompañando un «arroz con liebre», plato que nos introduce en la cocina de los cazadores, que se prepara en pleno campo y en la que predominan los llamados «entomataos» y las «papas con conejo».

Sin duda el producto mas conocido de Guarromán son sus pasteles de hojaldre que aún siguen elaborándose, en alguno de los obradores que los producen, en el tradicional horno de leña moruno. Dos variedades son las más apreciadas, los “pasteles rubios”, llamados así por el aspecto dorado de su hojaldre relleno de cabello de ángel, y los “pasteles blancos”, denominados de esta forma por la capa de azúcar en polvo que recubre el hojaldre, el bizcocho y la crema de la que están hechos, y que son conocidos también como “alemanes”, nombre que hace referencia a la procedencia de los colonos que fundaron esta real población. No deja de ser curioso que la primera boda celebrada en la parroquia de Guarromán, en enero de 1768, fuera precisamente la de un confitero francés de nombre Pierre Joseph de Blandre, con la colona alemana Ana María Haylin, precisamente en los tiempos en los que el hojaldre alcanzó su máximo esplendor y finura en Francia, extendiéndose por las cocinas de la nobleza de media Europa.

Como dato, Guarromán es sede de la prestigiosa sociedad gastronómica de la Muy Ilustre y Noble Orden de los Caballeros de la Cuchara de Palo, que tiene sus orígenes en el siglo XVIII y que defiende la Cultura del Olivo. Cada año en enero, por la festividad de San Antón, hace entrega de sus cada vez más apreciadas “cucharas de palo” a relevantes personalidades del mundo de la cultura, la sociedad y la política

© José María Suárez Gallego

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